Un buen traje no te convierte en un buen líder. / Pexels


Son muchos los errores que pueden cometer los directivos, pero una investigación demuestra que estos son los más comunes:

Por muy bienintencionado que sea un jefe, es fácil que cometa algunos errores que, a la larga, minan la productividad de los empleados.

Los buenos directivos son aquellos que, además de tener una visión estratégica del cometido de su equipo en la empresa, saben liderar a sus trabajadores, y es en la comunicación con estos donde se comenten los mayores errores.

Así lo apunta al menos un estudio sobre la “fricción organizacional” liderado por los profesores de la Universidad de Stanford Robert Sutton y Huggy Rao.

Para los autores la fricción es la fuerza que se interpone en el camino de hacer las cosas, y está en todas partes porque trabajamos en un mundo cada vez más complejo y colaborativo.

Y, como explica el propio Sutton en un artículo publicado en The Wall Street Journal, hay tres errores principales, que pueden pasar por sencillos malentendidos, pero que suponen un enorme coste para la empresa y minan el bienestar de los trabajadores. Son estos:

1. Asignar tareas que roban demasiado tiempo

Un error habitual de los malos directivos es asignar nuevas tareas sin saber cuánto esfuerzo y tiempo conlleva llevarlas a cabo. Sencillamente, las mandan “para cuanto antes”. Mal asunto, máxime cuando se trata de proyectos nuevos que pueden llevar a los empleados a abandonar tareas previamente encomendadas.

Si bien es necesario adoptar nuevos métodos y prácticas en la empresa, comenzando nuevos proyectos, es necesario determinar lo mejor posible cuánto tiempo requiere cada nuevo esfuerzo y con qué recursos se cuenta para llevarlo a buen puerto.

No se pueden pedir tareas sobre las que no tenemos ni idea. / Pexels

No se pueden pedir tareas sobre las que no tenemos ni idea. / Pexels


2. Hacer comentarios improvisados

Este error solo afecta a los principales directivos, pero es más habitual de lo que parece. Los profesores oyeron hablar de un CEO que comentó, sin darle importancia, que no había muffins de arándanos en el desayuno de una reunión. El comentario llevo a los empleados a comprar estas magdalenas a partir de entonces, sin que el directivo se diera cuenta si quiera de que era responsable de asignar una nueva tarea que no tiene ninguna importancia.

En este caso el asunto no tiene demasiada importancia, pero muestra como cualquier comentario que sale de la boca de un alto directivo puede ser malinterpretado como una orden directa.

3. Negarse a delegar

Cuando una compañía empieza a crecer los directivos deben delegar a la fuerza determinadas tareas que hasta entonces gustaban de hacer. Y si no lo hacen pueden provocar un problema importante.

Los investigadores citan el ejemplo de una CEO que entrevistaba personalmente a todo candidato para trabajar en su empresa, una práctica que se empeñó en seguir llevando a cabo cuando la compañía alcanzaba ya los 500 empleados. Llego a crear tal tapón en la agenda que muchos candidatos acababan abandonando el proceso porque les salían ofertas en otras compañías.

[Información e imágenes tomadas de www.lainformacion.com]

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